martes, 23 de marzo de 2010

CATARSIS DE TERROR: EL TOPO (1969)

ARRANCANDO LA PIEL QUE ME CUBRE PARA SER QUIEN SOY


Alejandro Jodorowsky es un creador muy singular. Chileno de nacimiento pero de origen judio-ucraniano, desde niño sintió el llamado de la imaginación y el arte… es así como decidió dejar todo su entorno familiar y social, allá por 1953, con 23 años, y aventurarse en buscar su paraíso mental, su yo interno… esta búsqueda la inició en Francia, para después continuarla en México… es en este país donde Jodorowsky alcanza un nivel de creatividad máxima y durante toda la década de los sesenta y parte de los setenta monta un sin número de obras teatrales efímeras, crea en movimiento pánico y se instruye en el arte de la meditación gracias a su maestro Ejo Takata.

Su primer acercamiento al cine fue en 1967, cuando llevó a la pantalla grande la obra de teatro FANDO Y LIS de su amigo y colega Francisco Arrabal, un cuento surrealista sobre la vida y la muerte, sobre aquello que buscamos y que muchas veces no obtenemos o no vemos debido a nuestros propios vicios humanos… el filme a mi me agradó, es muy loco y tiene escenas re-dementes… como cuando un sujeto lleva del brazo a su hijo ciego diciendo por el camino: “un poco de sangre por el amor a Dios… un poco de sangre para mi hijo…”, la cosa es que obtenían la sangre, pero el padre se la bebía en una copa…

Luego vino su segundo filme, EL TOPO (1969) totalmente inclasificable… algunos lo califican como western místico otros como una volada existencial sobre el ir despojándonos de las capaz que ocultan nuestro verdadero ser… en fin, traducciones hay muchas pero lo cierto es que esta es una pieza de culto (elevada como la primera obra del cine de culto) admirada por John Lennon, quien financió su siguiente filme LA MONTAÑA SAGRADA…

EL TOPO, este sujeto vestido de negro, lacónico, violento, rompedor de lógicas y lazos afectivos basados en roles y no en sentimientos auténticos… esta película es un aprendizaje para el protagonista y, creo, para el propio espectador, pero a su manera y con su propio ser personal… la primera vez que la vi fue en 1998, con 23 años, y me enamoré perdidamente de ella… de ese carnaval de escenas surrealistas límite que hacían sentir en lo más profundo y que inquirían de un espectador despojado de visiones preconcebidas…

Como no me pude decidir por cual escena fuera la más representativa, de todas las que me llegaron, opté por fusionar dos, la primera cuando el topo abandona a su hijo con una frase que resulta un puñal para en infante: “destrúyeme… nunca dependas de nadie…” y tras cartón, los jóvenes sacerdotes que lo acompañaban le dicen al pequeño: “llora niño, llora, llora para que se apiade…” desgarro del alma… escena que me lleva a una infancia perdida que reflota con este momento…

Y la otra es la que tiene relación con su primer enfrentamiento ante el primero de los maestros del revólver… una especie de escalones necesarios que debe desafiar hasta llegar a la sabiduría plena, esa que es intransmisible y dulce como la miel…

Amigos, con ustedes EL TOPO, un animal que cava galerías bajo la tierra buscando el sol… a veces su camino lo lleva a la superficie, cuando ve el sol, queda ciego… una obra superior…


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